¿Mi hijo tiene autismo o TDAH?

¿Tu hijo parece distraído, impulsivo o le cuesta vincularse? En la primera infancia, diferenciar entre TEA y TDAH no siempre es simple. En este artículo te explico, de manera clara y basada en evidencia, cuáles son las señales que orientan a cada cuadro, por qué pueden confundirse y cuándo conviene consultar. Una guía pensada para padres que buscan comprender mejor antes de sacar conclusiones apresuradas.

EDUCACION Y SALUD

Alejandro Alter

3/29/20264 min read

Cómo pensar esta diferencia en la primera infancia ?

Cuando un niño pequeño tiene dificultades para jugar con otros, se mueve mucho, parece no escuchar, se frustra con facilidad o se queda “muy metido en lo suyo”, muchas familias se hacen la misma pregunta: “¿Esto será autismo o será TDAH?”

Es una duda muy frecuente. Y lo primero que quiero decirte es algo importante: no siempre es fácil distinguirlo al comienzo, y a veces tampoco se trata de elegir entre uno u otro de manera rápida. El trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) pueden parecerse en algunas conductas, pero no significan lo mismo, y en algunos niños incluso pueden presentarse juntos.

Lo más importante: no mirar solo la conducta, sino entender qué la explica

Dos niños pueden “no prestar atención”, “tener berrinches”, “moverse mucho” o “tener problemas para jugar”, pero la pregunta clínica no es solamente qué hacen, sino por qué lo hacen.

En el TEA, lo central suele estar en las dificultades para la comunicación social, la reciprocidad con otras personas, la flexibilidad y, en muchos casos, la presencia de intereses restringidos o conductas repetitivas. En el TDAH, el núcleo del problema está más en la regulación de la atención, la impulsividad y el nivel de actividad.

Señales que pueden hacer pensar más en TEA

En la primera infancia, puede orientar más hacia autismo cuando un niño:

  • busca poco compartir con otros lo que le interesa;

  • no señala para mostrar;

  • parece registrar menos la presencia emocional del otro;

  • tiene dificultades para sostener la mirada social o usar gestos de manera natural;

  • presenta un juego poco flexible o muy repetitivo;

  • se angustia mucho con cambios pequeños;

  • muestra intereses muy intensos o poco habituales;

  • tiene reacciones sensoriales llamativas, como molestia exagerada a ciertos sonidos, texturas o luces.

Esto no significa que “no quiera a nadie” ni que “viva en su mundo” en un sentido simple. Significa que su manera de conectarse con las personas y con el entorno puede ser diferente.

Señales que pueden hacer pensar más en TDAH

En cambio, puede orientar más hacia TDAH cuando el niño:

  • quiere jugar con otros, pero no logra sostener la interacción;

  • interrumpe constantemente;

  • pasa rápido de una actividad a otra;

  • parece actuar sin pensar;

  • tiene mucha dificultad para esperar turnos;

  • se mueve de forma excesiva para la situación;

  • se distrae con facilidad;

  • entiende lo que se le pide, pero no consigue organizarse para hacerlo.

En estos casos, muchas veces el niño sí busca a los demás, sí quiere participar y sí tiene interés social, pero su impulsividad o su desregulación hacen que esa participación sea caótica o difícil.

Una diferencia muy útil para padres

Una idea sencilla puede ayudar mucho:

  • En el TEA, la dificultad suele estar más en la calidad de la comunicación social.

  • En el TDAH, la dificultad suele estar más en la capacidad de sostener y regular la conducta dentro de la interacción.

Dicho de otro modo:
el niño con TDAH muchas veces quiere vincularse, pero no logra ordenarse;
el niño con TEA muchas veces necesita ayuda para comprender, compartir y sostener ciertos códigos sociales.

¿Pueden coexistir?

Sí. Y esto es muy importante.

Hoy sabemos que autismo y TDAH pueden coexistir, y no es algo excepcional. De hecho, la literatura reciente remarca que esta combinación puede volver más complejo el funcionamiento diario y exige una evaluación cuidadosa, sin apresurarse a poner una sola etiqueta.

Por eso, cuando un niño muestra rasgos de ambas áreas, el objetivo no es forzar una respuesta rápida, sino entender bien su perfil de desarrollo.

Lo que no conviene hacer

Hay algunos errores frecuentes que conviene evitar:

1. Diagnosticar por una sola conducta.
Que un niño mire poco no significa automáticamente TEA. Que se mueva mucho no significa automáticamente TDAH.

2. Esperar demasiado por miedo a etiquetar.
Las guías pediátricas actuales recomiendan vigilancia del desarrollo en todos los controles y tamizaje específico para autismo a los 18 y 24 meses. Si hay señales de alerta, no conviene “esperar a ver si se le pasa” durante mucho tiempo.

3. Basarse solo en una consulta corta.
Para hacer un buen diagnóstico hay que mirar historia del desarrollo, lenguaje, juego, conducta en casa, conducta en el jardín, regulación emocional y perfil sensorial.

4. Pensar que un diagnóstico descarta al otro.
No siempre es así. Un niño puede tener uno, el otro, ambos o incluso otra condición del neurodesarrollo que también deba evaluarse, como dificultades del lenguaje o problemas sensoriales.

Entonces, ¿qué debería hacer una familia si tiene dudas?

Lo más recomendable es pedir una evaluación del neurodesarrollo completa. Idealmente, con profesionales con experiencia en infancia. Esa evaluación suele incluir:

  • entrevista detallada con padres;

  • revisión del desarrollo temprano;

  • observación clínica del juego y la comunicación;

  • información del jardín o la escuela;

  • valoración del lenguaje;

  • análisis de la conducta en distintos contextos;

  • y, cuando corresponde, escalas o instrumentos estandarizados.

Un mensaje final para padres

Si hoy tienes dudas, no significa que estés exagerando. Observar temprano y consultar a tiempo es una forma de cuidar, no de etiquetar apresuradamente.

La meta no es poner un nombre rápido. La meta es comprender qué necesita tu hijo para desarrollarse mejor. A veces la respuesta será TEA. A veces será TDAH. A veces será ambos. Y a veces será otra cosa. Pero cuanto antes se entienda su perfil, antes se puede acompañarlo de forma adecuada.

Bibliografía recomendada

  1. Hyman SL, Levy SE, Myers SM, et al. Identification, Evaluation, and Management of Children With Autism Spectrum Disorder. Pediatrics. 2020;145(1):e20193447. Guía de referencia de la American Academy of Pediatrics sobre identificación, evaluación y manejo del TEA.

  2. American Academy of Pediatrics. Executive Summary: Identification, Evaluation, and Management of Children With Autism Spectrum Disorder. Pediatrics. 2020. Resume recomendaciones de vigilancia del desarrollo y tamizaje temprano.

  3. American Academy of Pediatrics. Autism Spectrum Disorder: AAP Recommendations. Reafirma tamizaje de autismo a los 18 y 24 meses y vigilancia del desarrollo en todos los controles.

  4. NICE. Autism spectrum disorder in under 19s: recognition, referral and diagnosis (CG128). Guía vigente para reconocimiento, derivación y evaluación diagnóstica de TEA en niños y adolescentes. Última revisión de vigilancia: 2021.

  5. NICE. Attention deficit hyperactivity disorder: diagnosis and management (NG87). Guía vigente para reconocimiento, diagnóstico y tratamiento de TDAH. Última revisión de vigilancia: 7 de mayo de 2025.